Wabi Sabi – on MUSIC ZOOM by Vittorio Lo Conte

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Il contrabbassista Enrico Fazio è arrivato con questo nuovo titolo alla terza incisione per la Leo Records. Nonostante il nome della band Critical Mass faccia pensare a furenti collettivi free già all’inizio del disco il clarinetto swingante di Adalberto Ferrari (altrove anche al clarinetto basso e al clarinetto turco) ci fa intendere che la musica di Fazio si ispira al jazz della tradizione ed a quello più moderno di big band come la Aardvark Jazz Orchestra, anche lei su Leo Records. Non manca la musica etno è fra le fonti di ispirazione: la kora di Moustapha Dembélé apre West to East (A Waltzy Raga) seguito da un assolo di Alberto Mandarini e dal flauto di Gianni Virone (altrove anche ai sax tenore e baritono). È un brano molto ispirato in cui si percorre un immaginario percorso musicale fra Oriente ed Occidente, da rimarcare anche gli ottimi assoli al trombone di Giampiero Malfatto, al violino elettrico di Anaïs Drago, alla Jean-Luc Ponty, Francesco Aroni Virone al sax alto e Luca Campioni al violino. A completare la band ci sono ancora Fiorenzo Sordini alla batteria, Valeria Sturba al theremin e Simone Ghio alla chitarra. Sliding Times è per Alberto Mandarini, la sua tromba ricca di espressività si amalgama molto bene con lo sfondo strumentale dato dal collettivo. L’intero disco vive di questa sottile integrazione fra arrangiamenti e parti soliste, fra scrittura e improvvisazione, con belle invenzioni da parte di tutti. Fazio ha delle idee di tutto rispetto e con i solisti giusti le realizza trovando uno spazio fra la tradizione e modernità che attira l’attenzione dell’ascoltatore.

—Vittorio Lo Conte per MUSIC ZOOM

 

Wabi Sabi – on EL INTRUSO by Sergio Piccirilli [september 2019]


El Wabi Sabi cultiva todo lo que es auténtico reconociendo tres sencillas realidades: nada dura, nada está completo y nada es perfecto (Richard R. Powell)

El wabi-sabi es un concepto del budismo zen que, en su esencia, alude a la capacidad de encontrar belleza en la imperfección.
La tradición Mahāyāna -una de las ramas del budismo- entiende que la comprensión verdadera no puede alcanzarse mediante palabras o lenguajes y, por ello, recomienda que el enfoque más adecuado es aceptar el wabi-sabi en términos no verbales. Aun así, es posible afirmar que su eje conceptual -como señala Leonard Koren en su libro Wabi-Sabi: for Artists, Designers, Poets and Philosophers– “refiere a aquella belleza imperfecta, impermanente e incompleta” y también puede colegirse que su ideario está centrado en los tres principios mencionados por Richard R. Powell en la frase del epígrafe: “nada dura, nada está completo y nada es perfecto.”

En la estética japonesa, el wabi-sabi ocupa la misma posición que tienen en occidente los ideales griegos de belleza y perfección. Esa búsqueda de belleza en la imperfección y en las cosas simples, aparece diseminada en variadas disciplinas artísticas y artesanales; desde los arreglos florales conocidos como ikebana hasta la poesía haiku pasando por las artesanías en cerámica de Hagi, el arte de cultivo bonsái y la música tradicional para shakuhachi de los monjes zen mendicantes llamada honkyoku.
Incluso en la estética tradicional wabi-sabi, los maestros incluyen un error voluntario en sus trabajos porque la perfección no es una cualidad humana sino de carácter divino.

La nueva propuesta discográfica del estupendo ensamble liderado por Enrico Fazio, profundiza la amalgama de material escrito e improvisación y el desarrollo de estructuras complejas y atípicas que caracterizan al compositor y vuelve -como en ocasiones anteriores- a asumir el riesgo de registrar un proyecto sin ensayos preliminares con el ánimo de facilitar una respuesta musical más instintiva y creativa.
Esa búsqueda de “belleza en la imperfección” se extrapola y da origen conceptual al álbum de Enrico Fazio Critical Mass que lleva por título, precisamente, Wabi Sabi.

La prolífica trayectoria desplegada en las últimas décadas por el compositor, contrabajista y educador italiano Enrico Fazio comprende la participación en el Carlo Actis Dato 4tet, contribuciones a favor del Pino Minafra Sud Ensemble, Andrea Centazzo’s Mitteleuropa Orchestra, Dac’corda, AA.VV., Anglo/Italian Quartet, Giancarlo Locatelli Quintet, Actis Furioso y Francesco Aroni Vigone Trio, entre muchos otros.
Fazio es miembro fundador del legendario Art Studio, agrupación -donde también han participado Irene Robbins, Francesco Aroni Vigone, Claudio Lodati y Fiorenzo Sordini– cuya discografía incluye a los álbumes Art Studio de 1977, Diagnosi en 1978, Paralisi de 1981, Presagio en 1984, Pensieri de 1986, Onde en 1987, Off limits de 1998, The Complete CMC en 1992 y Trenta – Live in Torino de 2007.

Además de una destacada labor pedagógica como profesor de composición y arreglos y jefe del departamento de jazz en el Conservatorio A. Vivaldi de la ciudad de Alessandria (Italia) y su rol como miembro fundador del CMC (Centro de Música Creativa), entidad que además presidió entre los años 1992 y 2000, Enrico Fazio trabaja a dúo con el multi-instrumentista Sergey Letov (sociedad materializada en el disco Compagni di strada), lidera el Enrico Fazio Ensemble/U.F.O. (allí secundado por Andrea Chenna, Rino Vernizzi, Sergey Letov, Piero Ponzo, Francesco Aroni Vigone, Alberto Mandarini, Gianpiero Malfatto, Giuliano Palmieri y Fiorenzo Sordini, entre otros) y, por supuesto, encabeza la agrupación Enrico Fazio Critical Mass.

La producción discográfica de Enrico Fazio como líder incluye a los álbumes Mirabila en 1988, Lieto fine de 1989, Euphoria en 1991, Favola de 1992, Gracias! en 1995, Zapping! de 2003, Live in Milano en 2005, Nuovi Territori live y Oloron – des Rives et des Notes en 2009 y Shibui de 2013, el elogiado debut del Enrico Fazio Critical Mass.
Wabi Sabi, la segunda producción de Enrico Fazio Critical Mass, propone un emocionante e imaginativo alegato estético donde convergen composición e improvisación, la mixtura de formas musicales diversas –abarcando un rango que va del jazz de vanguardia al tango y de la música clásica contemporánea al raga- y una inquebrantable vocación para la experimentación creativa.

Albert Einstein, en un artículo publicado el 27 de septiembre de 1905 en Annalen der Physik bajo el título “¿Depende la inercia de un cuerpo de su contenido de energía?”, incluyó una fórmula donde postulaba que la energía (E) es igual a la masa (M) multiplicada por el cuadrado de la velocidad de la luz (C²).  Esa famosa ecuación (con la que el físico alemán demostrara que una diminuta cantidad de materia, al convertirse completamente en energía, puede generar una fuerza enorme) da nombre y, en cierto modo, describe al tema con el que abre el álbum: E=mc2

La pieza pergeñada por Enrico Fazio está dedicada a los músicos que participaron en el proyecto y también aspira a representar -como afirma el propio compositor- “el color, la energía y la alegría de este ensamble”. Eso se traducirá en términos musicales mediante un sugestivo relato de dimensión orquestal en el que abundan frescura, multiplicidad de colores, una natural convergencia de composición e improvisación y niveles interpretativos de gran factura. En el marco de una exposición colectiva de indiscutible vigor expresivo, tendrán aquí un especial destaque las intervenciones solistas de Gianni Virone en saxo tenor, Alberto Mandarini en flugelhorn y Francesco Aroni Vigone en saxo alto.

La encantadora Lilo Variations –composición inspirada en un pasaje de la banda sonora de la película animada de 2002 Lilo & Stitch– yuxtapone su temperamento lúdico con múltiples variaciones e inesperados cambios dinámicos, desde donde irán emergiendo un descollante solo de Luca Campioni en violín, el vivaz aporte ofrecido por Anais Drago en violín eléctrico de cinco cuerdas, la protagónica aparición de Adalberto Ferrari en clarinete bajo y el vital arresto solista que imparte desde el saxo alto de Francesco Aroni Vigone.

West To East (A Waltzy Raga) es la reedición de un tema escrito porFazio en los ochenta con el que describe un viaje imaginario de Mali a India a través de Europa. La pieza da inicio con un solo en kora por parte de Moustapha Dembèlè para, luego, evolucionar mediante la alternancia de formas ternarias y una métrica en 11/8 -subrayadas con precisión por la batería de Fiorenzo Sordini y el contrabajo de Enrico Fazio– que terminan dando forma definitiva a una danza de extravagante carácter y exótica sonoridad. En su transcurso sobrevendrán las atinadas aportaciones solistas de Gianni Virone en flauta y Gianpiero Malfatto en trombón, las vigorosas contribuciones de Luca Campioni en violín y Gianni Virone ensaxo tenor y los coloridos juegos exploratorios que aparecen representados por el violín de Anais Drago y el clarinete turco de Adalberto Ferrari.

La introspectiva fragmentación melódica expresada en Sliding Times, ubica en el centro de la escena a los instrumentos de viento para luego ingresar en un controlado proceso de reelaboración de conjunto sobre la que se deslizará el expresivo solo de Alberto Mandarini en trompeta y una resolución de índole colectiva.

El día del sobregiro de la Tierra (Earth Overshoot Day) es el día del año en el cual el consumo de recursos naturales excede la capacidad terrestre de regenerar tales recursos durante ese mismo período. El Earth Overshoot Day es calculado por la Global Footprint Network con apoyo de organizaciones sin fines de lucro de distintas partes del mundo. Esta medición -que se realiza desde hace cuatro décadas- demuestra la curva descendente experimentada en los recursos naturales del planeta. A modo de ejemplo, bastará con decir que el día de sobregiro de la tierra en 1970 fue un 29 diciembre mientras que en el del corriente año sucedió el pasado 29 de julio.
Éste es, justamente, el nudo argumental elegido por Enrico Fazio para su singular composición titulada Overshoot Day.

Los aires de tango iniciales que envuelvan a la pieza, propiciarán las expresivas declaraciones de Gianni Virone en saxo barítono y Luca Campioni en violín hasta confluir en un interludio de alcance experimental protagonizado por el theremín de Valeria Sturba y el saxo alto de Francesco Aroni Vigone. El tramo conclusivo de la composición transita un moderado crescendo colectivo que, finalmente, se coronará con la efusiva intervención del violín de Anais Drago.

El álbum cierra con la exquisita complejidad polirrítmica manifestada en Lectio Magistralis. En el tránsito de la composición se sucederán el delicado preludio que provee el clarinete de Adalberto Ferrari, una parte central sedimentada en la fortaleza sonora que edifica el ensamble a pleno, las notables apariciones solistas de Gianpiero Malfatto en trombón, Enrico Fazio en contrabajo y Alberto Mandarini en trompeta y una sugestiva fase de resolución deliberadamente inconclusa.

Enrico Fazio Critical Mass, en el formidable Wabi Sabi, ofrenda una obra perspicaz, original, sin temor al error y con la capacidad de encontrar belleza en la imperfección.

Monk creía en la naturaleza beneficiosa de los errores porque abren perspectivas intrigantes. Si no estás listo para cometer errores, no irás a ninguna parte (Steve Lacy)

—- by Sergio Piccirilli on EL INTRUSO

 

Wabi Sabi – on THE ART MUSIC LOUNGE by Lynn René Bayley [september 2019]

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With a name like Critical Mass, one might be led to expect that Enrico Fazio’s band would be one of those “outside” avant-garde units that plays everything in amorphous tempi with wild, screaming solos, but such is not the case. On the contrary, the opening selection, E=MC2, is a nice, medium-tempo swinger led by the clarinet and violin, and although the tempo shifts played by the percussion do indeed move the beat around, the change is not detrimental and does not last long. Before long, we hear a fine alto sax solo with bass underpinning that has both musicians moving together in synch as the music is improvised upon, later with the leader’s bass dropping out to allow Virone free rein. Once the drum comes in, we hear the other instruments playing interesting chorded figures behind Francesco Virone, eventually taking over as Adalberto Ferrari’s clarinet plays an interesting, and probably written-out, break, followed by an improvised solo played by Alberto Mandarini on trumpet. When Virone returns, it is to play a cappella as he slows down or stops the tempo at will, then we get solo violin, at times with Virone playing softly in the background, following which the trombone and clarinet play counterpoint in a three-way conversation. This is really interesting music.

The Lilo Variations open with solo trombone, following which Fazio has written an interesting ensemble including violin, clarinet, tenor and baritone saxophones, following which the tempo increases as Luigi Campioni plays a good violin solo over bass and drums. Everything in Fazio’s music dovetails and fits in, and there is yet another “concerto grosso” section where the soloists play off each other before Adalberto Ferrari enters for a bass clarinet solo. When the ensemble returns, this time with a euphonium in the mix, they are playing a series of descending chords that complement the tune’s structure. Then a sudden switch to a funky beat, with Gianni Virone playing a gutsy tenor solo over African percussion.

West to East opens with a kora solo by Moustapha Dembélé, following which Malfatto plays a lovely theme on the trombone which is then developed in the ensemble—but not for long. The tempo suddenly changes, and get faster, as a flute solo comes in above marimba chords, with fills by muted trumpet and violin playing in unison. The clarinet then plays in counterpoint above a chorded ensemble before another concerto grosso section is heard from the ensemble, followed by a trombone solo which, in itself, creates its own counterpoint, the second half over the staccato bass. Anaïs Drago then plays an excellent solo on the 5-string electric violin, followed by the alto sax, picking up on what Drago had just played for his own solo. Trombone and clarinet play fills behind him, after which another interlocking section is heard before everyone falls away to allow the kora, violin and percussion their say. The violin eventually predominates, giving way to the Turkish bass clarinet but still playing its own figures in the background before the full ensemble returns in counterpoint to one another.

Sliding Times begins slowly, with the trombone way down low and the clarinet as well, playing snaky opposing lines, later joined by baritone sax. The tempo picks up a little, things become animated, and then the trumpet comes in for a solo with African percussion underneath. The clarinet plays a serrated figure—then a full stop. Overshoot Day is a sort of Calypso blues, if you can imagine such a thing, played with clarinet lead; eventually the trombone, playing ostinato figures underneath, continues as the tenor sax comes in for a solo, with marimba underpinning. Then the tempo gets funkier, introducing a nice violin solo. This eventually fades away as Fazio, playing some weird electronics along with Valeria Sturba’s Theremin, takes over for a while. The alto sax comes in above this oddness as the beat slowly begins to coalesce once again. Then the original funky Calypso beat returns, again with the violin playing above the percussion. This really is freaky stuff, but very well organized and executed! Eventually, the whole piece begins to swing and we move into the home stretch with the violin screaming overhead.

In the finale, Lectio Magistralis, the solo clarinet again opens the proceedings before the band moves into what I’d describe as a jazz bellydance. The alto plays modal-atonal figures against the rhythmic bite of the clarinet and violin, there’s a brief trumpet break, but most of this part of the piece is ensemble before the trombone enters for a solo with the rhythm shifting somewhat and becoming more aggressive in a jazz sense behind it. The ending fades out.

Throughout this CD, one is aware of these pieces as much if not more for their compositional structure than for the jazz content, though the latter is certainly an important component. Fazio clearly has his own view of how things are put together. This album is brilliant as a series of concept pieces almost from start to finish, with few if any weak links. Would that all the jazz CDs I review were as good as this one.

—© 2019 Lynn René Bayley on THE ART MUSIC LOUNGE

Shibui – JAZZIT (disco consigliato!) – Eugenio Mirti – Gennaio/Febbraio 2014

Shibui è un album costruito con una formazione particolamente ricca e messa insieme per sviluppare in maniera efficace la peculiare visione compositiva di Fazio. Critical Mass, infatti, è una vera e propria orchestra da camera con timbri inusuali e voicing a volte corrosivi, come si ascolta in Pianoless. Le tecniche compositive del leader sono variegate e innovative: un esempio è Serial Player, un favoloso medium swing dalle belle linee di basso e scritto con l’ausilio delle serie dodecafoniche e con gli assolo che si sviluppano nelle quattro serie principali. Un disco ricco di contenuti e significato, che dimostra la profondità della visione e della concezione musicale di Fazio, ottimamentente coadiuvato da una band di altissimo livello.

EUGENIO MIRTI – JAZZIT n.80-2014 (gennaio/febbraio 2014) JAZZIT2

Shibui – TOP JAZZ 2013 – Disco dell’anno – MUSICA JAZZ – Gennaio 2014

disco dell'anno

Shibui – TOP JAZZ 2013 – Formazione dell’anno – MUSICA JAZZ – Gennaio 2014

formazione dell'anno

Shibui – J.C. JAZZ CONVENTION – Aldo Del Noce – Gennaio 2014

Di “gioco delle parti” si può parlare, specie in esecuzioni in cui le tattiche individuali lavorino in libertà ma percepibilmente modellate da un “concertato” (appropriato aggettivo) lavoro di regia: prima uscita di un progetto di maggiori future estensioni, fondate su «un personale approccio alla composizione, sviluppato durante molti anni e molte produzioni», Shibui è opera dai caratteri enunciati già dalle sue prime articolazioni in termini piuttosto definiti. Il lavoro procede organicamente nei suoi tratti stilistici aperti ma coerentemente conformati verso ed entro gli stilemi praticabili da una dinamizzata, piccola orchestra jazz, e la “Massa Critica” ad otto parti è falange disciplinata e vivida cui non difetta il senso di cospirazione collettiva e le vivacità di giochi di ruolo e d’interscambio. Garanzia di standard almeno sostanziale, la Leo Records forte di Anthony Braxton, Art Ensemble of Chicago, Sun Ra, Don Moye (ma anche Marilyn Crispell, Han Bennink, Joe Morris etc) torna ad ospitare e produrre un progetto made in Italy caratterizzato da un senso della vivace coreografia orchestrale. Shibui è opera polifonica e corale, percorsa e conformata dal vivido colore degli interventi del violino, dall’avvicendamento puntuale delle voci della brass-section, dalle pulsazioni ritmiche, dalle scansioni della batteria agilmente duttile nella riproposizione di climi anche vintage; il gioco espressivo che giunge ad isolare anche protratti “solo” (di acre suggestione il clarino turco) e ad incorniciare sommesse e concentrate coralità, licenzia sconfinamenti verso climi disimpegnati e relativamente eterogenei giungendo a toccare anche un free “temperato” e comunque funzionale alla strategia mutaforma del progetto, che molto gioca in agilità individuali ma con primaria attenzione verso la tenuta d’insieme. In protratte ed equamente ripartite parti solistiche, tra scrittura e improvvisazione, che le pongono in alterno risalto, le voci dei vari partecipanti – mantenendo elevato l’individuale e comune apporto contributivo, gli accenti, l’attenzione alla tenuta dei passaggi e alle progressioni orchestrali – lavorano di partecipazione e supporto alla costruzione della macchina sonora del regista-compositore aperto, appunto, anzi molto incline a mutamenti di forma e clima, sondando le doti d’eloquenza dei propri strumenti, operando anche e piuttosto volentieri di studiata teatralità nel gioco della sorpresa ma riportando il tutto ad una generale disciplina. Si potrà obiettare come gran parte della dimensione espressiva e formale di Shibui si origini e viva dentro la scrittura, come particolarmente evocabile da una performance di morfologia orchestrale, ad impatto emotivo d’insieme apparentemente controllato, ma il generale clima di freschezza bilancia le riserve sul comunque colorito e vivido post-mainstream di Fazio & compagnia sonante che, certamente nella grande scia revisionista di Gil Evans, condivide una concezione “organica” della forma jazz le cui libertà appaiono (come peraltro enunciato strutturalmente) viventi in eminente parte sulla dimensione della pagina scritta, aspetto fondativo che, pure, non potrà sminuire nel lavoro di Fazio l’indubbia cura investita nell’edificazione ritmico-melodica di Shibui.

Aldo Del Noce per Jazz Convention – Gennaio 2014

Shibui – JAZZITALIA – Gianni Montano – Gennaio 2014

Il concetto di massa critica è esposto da Giancarlo Schiaffini nel suo libro “E non chiamatelo jazz…“. Secondo il trombonista romano esiste un numero limite (tredici unità) oltre il quale la composizione estemporanea diventa improponibile, di esito problematico o negativo. Enrico Fazio non si preoccupa di questa avvertenza poiché innanzitutto, il suo gruppo, anche se è denominato “Critical mass”, si configura come un ottetto, ben al di sotto della soglia massima prima enunciata; poi perché qui la musica è preparata, arrangiata e attentamente sorvegliata dal compositore piemontese. Nulla è lasciato al caso. Le improvvisazioni vengono fuori, infatti, da una struttura omogenea e compatta, che solo in apparenza può sembrare mobile e non vincolante e costituiscono un ampliamento, una dilatazione dell’idea portante, diventando esse stesse un momento elaborativo strettamente connesso con il motivo di base indicato dall’autore. E’ un continuo rimando fra composizione e improvvisazione, dove è difficile scorgere il confine fra i due momenti, poiché un elemento intacca, aggredisce l’altro, per costruire, così, una musica definita in modo unitario e organico con il marchio stilistico inconfondibile del bassista storico dell’Art studio.

Fazio ci ragiona molto prima di registrare un disco. Sono passati alcuni anni dall’incisione precedente con un gruppo di queste dimensioni. Quando, però, si decide al grande passo vuol dire che ha veramente qualche messaggio artistico urgente da comunicare. Così è anche per questo “Shibui“, un album curato a fondo, pregno di intuizioni, di squarci imprevedibili, di sviluppi inconsueti e di un ancoraggio, allo stesso modo, evidente con la tradizione del jazz. Negli otto brani del cd si dichiarano, nelle note di copertina, le ispirazioni, le referenze molto libere a Kurt Weill, ai Colosseum, allo stile di New Orleans, alla musica seriale o semplicemente agli esperimenti vocali di un bambino di quattro anni all’interno di un music box. In realtà tutti questi fattori vengono usati vantaggiosamente dall’acuta sensibilità del band-leader per produrre un suono complessivo indubbiamente personale, con alcuni aspetti decisamente da sottolineare. L’ottetto, ad esempio, è scomposto sovente in formazioni più piccole. Non sempre tutti sono protagonisti. Il lavoro di sezione a volte è condotto dai fiati, su cui può lanciarsi in volo il solista di turno. In altre circostanze sono pochi strumenti a portare avanti un riff, oppure sono soltanto basso e batteria a tenere su gli interventi solistici. In determinati segmenti il dialogo fra sassofono e tromba o trombone è sufficiente a sostenere efficacemente l’andamento del brano, fra esposizione del tema e improvvisazione. Per aumentare, ancora, il tourbillon, arricchire ulteriormente il menù di colori etnici, in una traccia si sente il balafon e un tastierista, Paolo Rolandi, si inserisce in quattro brani. Niente paura: tutto è tenuto sotto controllo dalla guida estremamente lucida e consapevole di Enrico Fazio. I momenti free, quando sono previsti, sono di tipo tonale, o appena appena oltre. Mai si arriva a superare determinati steccati. I musicisti coinvolti, tutti dell’area piemontese, seguono con un atteggiamento convinto e partecipe, quasi devoto, le direttive del leader. Si distinguono in particolare i due ottoni, Alberto Mandarini e Giampiero Malfatto per la capacità di restare legati ad un mood classico, jazzistico, anche quando la musica sembra indirizzarsi verso ambiti più avanzati. I tre sassofonisti esprimono coesione ed energia sui loro strumenti e passano abilmente attraverso climi diversi, mantenendo una carica adeguata e sapendo ricoprire il ruolo di supporto e di proposta con lo spirito giusto. Il violino di Luca Campioni è un valore aggiunto, sia per gli spunti solistici mai scontati, sia per il contributo timbrico al sound del gruppo. Resta da dire della sezione ritmica. Fazio e Sordini vantano una notevole abitudine a suonare insieme, ma non si accontentano mai, si stimolano a vicenda per formare un’ossatura di tipo orchestrale, perché questo ottetto viene impiegato come una mini big band.

Shibui” è un’ulteriore prova delle capacità di autore, arrangiatore e direttore di combos allargati per Enrico Fazio. Un musicista che conosce la musica afroamericana, l’avanguardia italiana, europea e tutto quanto è girato intorno a questi generi nell’ultimo quarto di secolo. La sua è un’operazione di sintesi, più a selezionare che ad accumulare. Nel disco, a conti fatti, prevale la sua visione di un jazz bene organizzato, rifinito, dotato di una giusta dose di libertà e di spinta in avanti verso nuove possibili frontiere.

Gianni Montano per Jazzitalia – Gennaio 2014

 

Shibui – JAZZFLITS – Herman Te Loo – Ottobre 2013

Er bestaat een grote verwantschap tussen de Nederlandse en de Italiaanse geïmproviseerde muziek. Beide kennen een goed gevoel voor theatraliteit en humor, een hekel aan gebaande muzikale paden, een vermenging van hoge en lage cultuur en een balans tussen compositie en improvisatie. Het octet Critical Mass van bassist/componist Enrico Fazio past perfect in die om-

schrijving, en er zijn momenten op deze nieuwe cd, ‘Shibui’, die zo door een Nederlandse band gespeeld zouden kunnenzijn. Sterker nog, in zijn arrangementen vertoont Fazio een stijl die sterk doet denken aan die van wijlen Willem Breuker. Van beïn-vloeding zal misschien geen sprake zijn, maar wie het ensemble de uitgeschreven passages hoort spelen, of onder een solist door hoort schuiven, denkt al snel aan de muziek van het Kol-lektief. Toch heeft de muziek van Fazio en zijn mannen net zo goed typisch Italiaanse trekken: de joyeuze volksmuziek die in de melodieën doorklinkt is echt Zuid-Europees. Bovendien trekt

Critical Mass de lijn door van bijvoorbeeld landgenoot Carlo Actis Dato met invloeden uit alle windstreken. Want op ‘Shibui’ oren we Zuid-Amerikaanse ritmes, Oosterse melodieën en Turkse stembuigingen langskomen. Fazio zet het allemaal met speels-heid en lichtvoetigheid in elkaar. Een mooi voorbeeld (in ‘Tuttecose’) is het gesuggereerde speeldoosje van zijn zoontje Simone, dat gestalte krijgt door de ballafon en eenpizzicato van violist Luca Campioni. Het is muziek om blij van teworden.

Herman te Loo per JAZZFLITS – ottobre 2013

Shibui – El Intruso (dedicado a “la otra mùsica”) – Sergio Piccirilli – Novembre 2013

Todo nuestro conocimiento nos viene de las sensaciones (Leonardo Da Vinci)

 El vocablo japonés shibui refiere al sabor que resulta “acedo, astringente y punzante al paladar”. El origen del término –cuyo significado aún hoy conserva- tuvo lugar en el siglo XIV durante la era Muromachi y sirve para describir la sensación amarga y ácida que se tiene al morder un caqui verde. Más tarde, durante el período Edo del siglo XVII, dicha expresión comenzó a utilizarse gradualmente para aludir al valor estético de “lo que es agradable sin ser llamativo”. De hecho, en la actualidad se considera al shibui como uno de los nueve principios centrales que subyacen en el arte y la cultura de Japón junto con “wabi-sabi” (el valor de la imperfección y de lo que no es permanente), “miyabi” (la elegancia y la eliminación de lo vulgar), “iki” (la originalidad), “yugen” (el misterio y lo desconocido), “geido” (disciplina y ética), ‘kawai” (belleza) y ‘enzou” (el vacío, entendido desde la perspectiva del concepto zen que representa al infinito o la nada). En esa escala de valores estéticos el shibui simboliza lo simple, sutil y discreto pero, además, exalta la idea de que las cosas son más hermosas cuando hablan por sí mismas.

Todo esto viene a cuento de Shibui, el magnífico álbum del contrabajista y compositor italiano Enrico Fazio junto a su banda Critical Mass. En la información que acompaña al disco, su autor explica que el título se relaciona con el significado literal del término –es decir, el sabor astringente experimentado al morder un caqui verde- pero también con la posterior “sensación de profunda calma” implícita en esa acción.

A nuestro modesto juicio, este proyecto discográfico –aun cuando poco y nada tiene que ver con el arte japonés– también es acreedor de varios de los principios estéticos mencionados, toda vez que en Shibui, además de hallarse la sutileza aludida en la voz que da título al álbum, se dan cita la elegancia y el buen gusto, una mesurada exploración de lo desconocido, la sobriedad y un refinado sentido de belleza y originalidad, entre otras muchas cualidades.

 

Enrico Fazio acredita una extensa trayectoria que incluye participaciones en el cuarteto de Carlo Actis Dato, el Anglo/Italian Quartet, el Pino Minafra Sud Ensamble y la Andrea Centazzo’s Mitteleuropa Orchestra, además de una prolífica labor liderando o co-liderando diferentes bandas materializada en sus álbumes con el Enrico Fazio Septet (con el cual editó Zapping! en 2003, Live in Milano – Villa Litta de 2005, Oloron – Des Rives et des Notes en 2009 y Nouvi Territori LIVE de 2009), el prestigioso quinteto Art Studio (documentado en los discos Trenta-Live in Torino de 2003, Off Limitsen 1998, Ondeen 1987, Presagio de 1984, etc.), Enrico Fazio Ensemble / U.F..O y el dúo que integra con el multi-instrumentista Sergey Letov (Compagni di strada en 2002).

A esto debe agregarse su sólida formación académica –que incluye una maestría en contrabajo y una licenciatura con honores en disciplinas musicales-, una destacada labor pedagógica como profesor de composición y arreglos y jefe del departamento de jazz en el afamado Conservatorio A. Vivaldi de la ciudad de Alessandria (Italia) y su reconocido rol como miembro fundador del CMC (Centro de Música Creativa), entidad que además presidió entre los años 1992 y 2000.

El ensamble Critical Mass que lidera Enrico Fazio nos ofrece, a través de las ocho piezas comprendidas en Shibui, la primera parte de un proyecto mucho más amplio basado en su personal enfoque de la composición y en el desarrollo de un amplio lenguaje melódico y armónico que incluye –entre otros recursos exploratorios- la utilización del deside-slipping o desplazamiento lateral.

El ecléctico e imaginativo ideario estético pergeñado aquí por Enrico Fazio, amalgama múltiples formas musicales –desde jazz moderno al blues, de ritmos antillanos a riffs de rock progresivo y de la tradición de New Orleans a elementos provenientes de la música clásica contemporánea, entre otros- pero arroja un resultado que, a pesar de su compleja hibridación de estilos, luce tan emocionante y seductor como claro y cohesivo.

 

En el inicio, con Tempus Fugit –pieza inspirada en un fragmento perteneciente a Kurt Weill-, se entrelazan paisajes sonoros dispares con notable balance en la forma y exquisita moderación dinámica, realzados por las aquilatadas intervenciones solistas de Luca Campioni en violín, Alberto Mandarini en trompeta y Gianni Virone en saxo tenor.

Effetti Collaterali se aposenta en una frase de acompañamiento en contrabajo a cargo de Enrico Fazio que extrapola un riff proveniente de la legendaria banda de jazz-rock progresivo Colosseum para luego desembocar –tras un segmento con aires antillanos y los sucesivos solos de Gianpiero Malfatto en trombón y Adalberto Ferrari en clarinete bajo– en un sincronizado ejercicio de improvisación colectiva.

La nostálgica atmosfera de Pianoless abre con la exótica sonoridad del clarinete turco hasta adquirir, gradualmente, los aires de un lamento en donde van concatenándose un moderado equilibrio entre tensión y relajación, delicados ornamentosy una secuencia de solos en la que tiene especial destaque el saxo alto de Francesco Aroni Vigone.

El deliciosoTuttecose gira en torno a una divertida línea de canto –aportada por Simone, el pequeño hijo de Enrico Fazioque evoluciona al conjuro de impulsos rítmicos con marcadas influencias de música de los Balcanes, adornos de dimensiones orquestales e intervenciones solistas de Adalberto Ferrari en clarinete y de Alberto Mandarini  en trompeta de particular luminosidad.

El tema que da título al álbum se aposenta en un desplazamiento lateral o side-slipping (se denomina así al recurso de “tocar cromáticamente fuera de la secuencia de acordes”) sobre el que se deslizan múltiples cambios climáticos –de la balada jazz a ritmos de impronta afro céntrica- y una secuencia de solos en la que sobresalen el violín de Luca Campioni, el clarinete bajo de Adalberto Ferrari, la batería de Fiorenzo Sordini y el trombón de Gianpiero Malfatto.

El laberintico andamiaje estructural de Serial Player adopta los principios atonales del dodecafonismo pero, la claridad de su exposición y la riqueza de matices, hacen que la experiencia auditiva resulte sumamente agradable al oído.

Por su parte, Serendipity conjuga diferentes modos unidos por un patrón rítmico en donde se yuxtaponen cadencias de vals –rubricadas por un colorido soliloquio de Francesco Aroni Vigone en saxo alto– y una notable resolución dinámica en swing que va empalmando los solos de Gianpiero Malfatto en trombón y Luca Campioni en violín, hasta desembocar en el motivo de apertura.

El cierre con N.O. Trap ofrece una hipnótica e innovadora mixtura entre la danza claque, la música de New Orleans, la improvisación y la tradición del jazz.

Enrico Fazio’s Critical Mass, en Shibui, brinda una obra elaborada, adorable, creativa y con la infrecuente virtud de haber logrado hacer simple lo complejo.

 

Cualquier persona puede hacer complicado lo simple. La verdadera creatividad consiste en hacer simple lo complicado (John Coltrane)

 

Sergio Piccirilli

 

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